la gente es hermosa, muchos te tratan de tía, de amiga, de loquita, de mijita, y cuantos otros apodos que caben en el vocabulario de personas realmente carismáticas. Claramente hay mucha gente que podría decir que son unos muertos de hambre, que no han hecho nada por sus vidas, que son pobres y yo digo que quizás si pasan hambre, pero ahí estamos nosotros para regalarles una cena, sí se han esforzado, nadie quiere vivir en la calle, ellos se ríen porque demuestran ya estar acostumbrados, ahí es cuando nos damos cuenta quién realmente está bien y quién no. Vivimos quejándonos de tantas cosas, de que nos falta plata, de que nos vemos mal, del qué dirán y ellos, disfrutan de nuestras miradas, las sonrisas que les damos y esos gestos tan simples. Es verdad, son pobres, son realmente pobres pero aparte de tener una pobreza material enorme, poseen una pobreza de espíritu considerable, la humildad que profesan es enorme, me conmuevo cada vez que los tíos nos dicen gracias o nos dan un hermoso sermón de vida, nos enseñan a salir adelante sin pretenciones, sin preocupaciones estúpidas, sólo ser humilde, esa es la clave, pensar en el qué dirán no sirve de nada, al final estás sólo aquí y nadie te va a querer más por sonreírle a todo el mundo sin sentirlo de verdad.
Para mí su sonrisa es un regalito miércoles a miércoles, la presencia de éstas, me llenan realmente, es inexplicable oír tantas cosas lindas, escuchar unas anécdotas únicas, sólo ellos perciben así, ellos conocen de verdad lo que es la vida, ellos saben de verdad cómo es la calle. Ellos son la valentía hecha carne.
Salud por ellos.

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